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Chile, comuna de Los Angeles

Torrencial lluvia del 20 de diciembre mató 70% de abejas pecoreadoras

Justo cuando se daba el mejor precio para poder exportar miel, apicultores se ven enfrentados a una catástrofe climática y quedan sin producción. “Aún queda néctar en los árboles de quillay, pero no hay abejas”, se lamenta dirigente de los apicultores de Los Ángeles, Julio Beltrán.
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De forma abrupta terminó el veranito de San Juan para los apicultores, luego que una torrencial lluvia arrasara con las abejas que se encontraban en pleno trabajo de producción.
Efectivamente, luego de dos años de baja producción, debido principalmente a factores climáticos. Sin embargo, durante los últimos meses para los productores de miel habian superado las espectativas, ya que a un buen precio de exportación se sumaría una muy buena cosecha. Sin esperar un cambio en esta tendencia, el sábado 20 de diciembre, fue mortal para este rubro agrícola porque una torrencial lluvia se dejó caer a partir de las 11 de la mañana hasta media tarde, hecho que fue letal para los millares de abejas obreras, porque “esto tuvo como consecuencia que todas las trabajadoras que andaban en terreno, murieron, y los apicultores teníamos la esperanza que hubiera una recuperación rápida, pero nos dimos cuenta con el transcurso de los días, que a pesar que los quillay seguían llenos de flores, no estaban las abejas. Se estima una pérdida cercana al 70 por ciento de la producción”, comenta muy angustiado, Julio Beltrán, presidente de los apicultores de Los Ángeles.
El problema se agrava porque se está terminando la flor del quillay y como no están las pecoreadoras, por consiguiente tampoco cuentan con miel. Lamentablemente sólo 5 días, alcanzaron a estar trabajando las abejas obreras, calculándose también en un 70 por ciento la mortandad de estos insectos. Por lo general, la producción de néctar abarca desde el 10 de diciembre hasta el 20 aproximadamente, periodo que se vio abruptamente interrumpido por el fenómeno antes mencionado. Éste no solo mató gran parte de las recolectoras, sino también perjudicó la flor, la cual terminó en los últimos días, debido a los fuertes vientos.
El drama se agudiza aún más desde el punto de vista económico, ya que en marzo y abril, los apicultores deben enfrentar los pagos de los créditos bancarios y de INDAP, teniendo en cuenta que también han debido asumir crédito para inversiones y asi cumplir con la normativa respecto a las exigencias para las salas de extracción, acorde a la norma establecidas por el SAG. “Ahí tendrán que ver los apicultores, si lo que se salvó de producción se deja para vivir o pagar los compromisos financieros, o de lo contrario renegociar con los bancos para que les quede algo para el sustento, esto tomando en consideración que tenemos apenas una cosecha anual”.
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